Domesticar el viento
(2025-2026)









Hay un viento desalmado 
que me arrulla para dormir.
En mi casa hay aparatos que lo bufan,
para hacer justicia a las condiciones.

Es distinto del viento salvaje,
ese que nombran los poemas y las canciones:
el que mueve las nubes,

dobla los árboles
y mezcla los polvos de toda la Tierra.

No hay cosa más triste que un ventilador.

Cuando el ambiente te seca los ojos,
no queda más que escucharlo girar.
Y en cada una de sus revoluciones,
te susurra temblando:
¿qué haces aquí?

Alonso Robles.






Viento inclemente

¿salvaje?¿desalmado?

mi piel desnuda

Texto por Bruno Enciso

La pintura de Alonso Robles parte de una exploración continua de su propia condición como habitante del desierto desde distintas pautas sensibles. Sin perder de vista el peso simbólico de la frontera política que reposa sobre la ciudad, Alonso prioriza el ensayo de distintos fenómenos que dan forma a la experiencia de cotidiano: el clima desértico, las dinámicas de trabajo, la convivencia con sus familiares. En cada serie no sólo presenta un tema, sino que inaugura la posibilidad de un sujeto protagonista. Podría tratarse de alguien con nombre y apellido, quizás un objeto, o también podría ser el viento, el sol o el agua. Los valores de la pintura confabulan para hacerle espacio a este posible sujeto, al que no siempre le vemos el rostro pero sí que percibimos sus movimientos, su vitalidad.


Para su solo booth en Salón Acme 2026, presentado por Azul Arena, el artista continúa explorando las atmósferas domésticas y los aparatos que las regulan. Una mirada tan literal como franca sobre el espacio de la casa juarense produce una poética que muestra a los electrodomésticos sin su pátina tecnológica. Son acompañantes humildes, líneas simples organizadas alrededor de una oscilación, testigos calmados de cuerpos que se exaltan o se distienden según se los dicte el temperamental desierto.


En la intimidad implícita en la domesticidad de los espacios que Alonso retrata, el color funciona como un valor tan estructurante como regulador. Antes que pensar en una paleta concreta o en el que pudiera ser un color natural para los sujetos, se pone en marcha una negociación que configura el clima emocional de cada cuadro sin comprometer el subtono adverso de sus condiciones atmosféricas. Los campos de color se dejan atravesar por el propio flujo del aire, que recompone su espacialidad y evidencia su interdependencia; la intimidad nace, también, de los juegos de complementariedad y contraste entre los colores que acuerpan estas habitaciones.


Además de los medios recurrentes dentro de la obra de Robles, como el acrílico sobre mdf o tela, el booth exhibe por primera vez monotipias de óleo sobre papel. La forma estampada, así como la propia materialidad del óleo y la micro porosidad del papel, arrojan un nuevo sentido de la forma en la plástica del artista. Esta nueva variante no vendría a procurar ningún refinamiento argumental como sí un nuevo matiz de enunciación, otra manera de encauzar el ingenio lírico del artista.